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Hemeroteca Virtual - Museo Internacional del Estudiante

Autor:              Anónimo.

Título:            LOS ESTUDIANTES DE COIMBRA EN

SALAMANCA.

Publicación:   Museo Internacional del Estudiante, 2009.

Ver. original:  El Adelanto.

Fecha:            Domingo, 29 de abril de 1923, p. 2.

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Por la mañana.

            Durante toda la mañana de ayer los estudiantes portugueses que componen el orfeón y la tuna de Coimbra, visitaron los principales edificios y monumentos de la ciudad y pasaron largo rato en la Universidad, recorriendo todas sus dependencias y firmando en el libro de visitas de la Biblioteca, donde fueron cariñosamente acogidos.

La velada de la Universidad

            A las cuatro de la tarde se celebró la anunciada velada en la Universidad, organizada por la Academia de Santo Tomás de Aquino, asistiendo numerosísimo y selecto público, que en la imposibilidad de acomodarse en el Paraninfo, que estaba materialmente lleno, se distribuyó por los pasillos y las puertas laterales, ansiosos de oir al orfeón y la tuna de Coimbra.

            Tomaron asiento en la presidencia el rector, Sr. Esperabé; el señor Unamuno, el cónsul de Portugal, señor Cardita, y los catedráticos señores Carvalho y Díaz Pereira.

El Sr. Beltrán.

            El presidente de la Academia y aventajadísimo alumno de la Facultad de Medicina, Sr. Beltrán Andrés, pronunció, en términos elocuentes, un breve discurso de salutación a los catedráticos y estudiantes de la vecina república, en nombre de los académicos, mostrando la viva e íntima satisfacción por su visita, que honra a Salamanca y permitirá acentuar la viva y efusiva amistad que une a ambas Universidades, cuyos destinos van íntimamente unidos, pudiendo decirse que son páginas de una misma historia: la Historia de la civilización.

            Salamanca y Portugal se aman, y todo hace concebir una ilusión halagüeña de que en día muy próximo la fusión de ambas literaturas sea completa, como lo demuestra la mutua estimación y elogios que se prodigan los escritores de los dos pueblos, que en versos y páginas vibrantes cantan su amor a los encantos del país hermano.

            Recuerda y elogia a Eugenio de Castro y eleva un canto a las glorias de la Universidad de Coimbra, terminando con estas palabras:

            Vosotros, estudiantes y profesores de Coimbra, sed bien venidos a esta hidalga ciudad, y que vuestra estancia, muy breve por cierto, sea agradable y llevéis un grato recuerdo de Salamanca, «que enhechiza la voluntad de volver a ella a los que de la apacibilidad de su vivienda han gustado».

El Sr. Cardita

            El cónsul de Portugal hace una salutación sincera y brillante a la ciudad de Salamanca, confesando que la mayor satisfacción que ha experimentado en su vida ha sido la que le ha producido el cariñosísimo y entusiasta recibimiento dispensado a los estudiantes de Coimbra, a esa juventud portuguesa que va dejando por las calles evocadoras de la ciudad un poco de la alegría de sus años juveniles, llenos de ardor y de entusiasmo, y un poco también de arte de la raza caballeresca lusitana, y que sabrá corresponder al cariño y a la afección que hoy les tributan sus hermanos los estudiantes de la vieja Escuela.

            Recibidlos vosotros – terminó – estudiantes y profesores de Salamanca, con cariño, y aceptad las bases definitivas del progreso y del engrandecimiento intelectual de las dos razas.

            Al terminar sus palabras el señor Cardita, es objeto de una cariñosa ovación, repitiéndose los vivas a Portugal y a España, a Salamanca y a Coimbra.

El presidente del orfeón.

            El presidente del orfeón, Sr. Climaco, entre grandes aplausos se levanta a hablar, pronunciando igualmente frases de agradecimiento para la hospitalidad salmantina.

            En el corazón de todo estudiante portugués – dice – está en este momento la emoción más fuerte que nunca ha sentido y no podrá nunca pagar tanto cariño y tanta gentileza. Nosotros vinimos a España a hacer una fiesta de arte portugués y ahora resulta que los españoles son los que han hecho toda la fiesta, más simpática y más elevada que podíamos imaginar.

            En todo corazón de portugués, repito, va ese recuerdo inolvidable; el hecho de venir a Salamanca no significa sólo un viaje de arte, sino un viaje de aproximación hispano-portuguesa, y vibra en este momento la más alta nota de esa aproximación, porque Portugal ha creído que la mejor forma de estrechar los lazos de mutuo cariño que nos unen, sería enviar a España una diputación de estudiantes y de académicos de Coimbra.

            En Valladolid, en Madrid y en Salamanca, hemos sido recibidos con gran amor, y esta hospitalidad e  hidalguía es propia del espíritu español, que yo nunca podré alabar bastante.

            Cuando mañana atravesamos la frontera de Portugal, en cada alma de portugués, irá, señores, una alma de español.

            Una atronadora ovación corona las últimas palabras del presidente del orfeón, que es calurosamente felicitado por profesores y estudiantes.

El Sr. Unamuno.

            Al ponerse en pie el ilustre vicerrector, el público le obliga a subir a la tribuna, desde donde comienza a hablar, cubiertos sus hombros con una capa de un estudiante portugués en medio de una formidable ovación al ilustre sabio, gloria de la Universidad de Salamanca.

            El Sr. Unamuno comienza:

            Amigos y compañeros de Portugal y España.

            «Nuestras vidas son los ríos que van a parar al mar…»

            Así cantaba, plañiendo la muerte de su padre, D. Rodrigo, maestre de Santiago, conde de Paredes de Nava, su hijo Jorge Manrique, cuyos huesos se fraguaron en aquellas históricas tierras de Carrión.

            Así plañía en sus coplas, precisas y amargas, el poeta. Pero los ríos, antes de parar en el mar, llevan tierras de los campos por donde pasan muchas veces sangre, y a veces, también, sales de los huesos de los que esa tierra duermen, como dijo Camoens, el gran cantor de la epopeya portuguesa.

            Y antes de perderse en el mar, pasan por la tierra mollar de Portugal, a donde llevan sangre de España, huesos de España y sal, también de España.

            Nuestros ríos: el Duero, el Douro, el Tajo, el Tejo, mecen y mezclan sus aguas en el mar, y es en el mar de Portugal donde se juntan los ríos portugueses y castellanos.

            Cantaba Manrique catorce años, antes del Descubrimiento de América, en el que murió Castilla para renacer España, y en ese mar le habían enseñado la ruta los navegantes portugueses, que llevaron a cabo la más grande obra del Renacimiento.

            Y a ese mar llevan la tierra de Castilla los ríos, en tanto que aquí aflora las rocas y sólo quedan los huesos, mientras va toda la carne a Portugal, a aquello que el poeta llamó «Jardín de Europa».

            Y no es que allí no haya huesos, los hay también. Pero como dijo Herculano:

   …¡Calavera de montañas!
en tu campo canta el cielo…

cantando aquellos campos mollares, pues lo cierto es que nuestras cosas se hacen allí más suaves y dicen también que más dulces.

            Nuestras cosas son de tierra adentro y las de ellos de mar afuera. La tragedia de el Quijote se fragua de mar adentro y el pobre Quijote va a terminar sus días al lado de Barcelona, al lado de ese mar, en el que se acaban nuestras vidas, en tanto que la epopeya de Os Luisiadas es de mar afuera, en ese mar omnipotente y magnífico de las glorias portuguesas.

 

            Ellos nos han precedido en el mar y en otro horizonte más doloroso en África. Ceuta está fundada por portugueses, por la raza de aquellos tiempos del infante santo, D. Fernando.

            De aquella lengua que dijo Cervantes que era un castellano sin hueso, más bien puede decirse que el castellano es un portugués osificado. Y es que hay que ver el hueso sobre la carne y pensar que es una profanación leer el portugués traducido, pues el esfuerzo para traducir el portugués escrito, no el hablado, que eso es cuestión de Fonética, es tan pequeño, que todo español puede hacerlo.

            Hace poco me pedían que tradujese uno de los libros de Castellobranco y dije al que me lo pedía «que lo leyese en portugués y que sino era capaz de traducirlo, que no lo leyera».

            Lee a continuación D. Miguel un soneto del ilustre poeta portugués Eugenio de Castro, en el que canta la íntima confraternidad de ambos países.

A ponto do minho

            Numa torre da Sé, das águias ninho,

ólho a paisagem de beleza estranha:

vejo ali Portugal, e estou em Espanha,

lá está Valenca, e em baixo corre o Minho.

            Terras irmas, com fraternal carinho,

uma retrata a outra; e o sol, que as banha,

loira mae, com os olhos acompaña

as duas gémeas no infantil bercinho.

            No vale, a ponte, que une os dois paizes,

lembra-me o emblema, que e frecuente ver

nas misivas d’amir, do amor que inquieta.

            Ternos amantes na paixao felices,

emblema em que há dois coracoes a arder,

atravesados pela mesma seta.

            Después recita otro, bellísimo, titulado Portugal, que D. Miguel escribió hace algunos años, en apoyo de todo lo que acaba de decir y para dar amenidad, según dice, a su discurso.

            Después, prosigue:

            Y es que Portugal ve nacer el sol de las cumbres lejanas, y le ve ponerse en el mar. Siempre se ha puesto en el mar, acaso iluminando el naufragio heroico de los últimos tiempos de su Historia, como el nuestro de El Quijote.

            Para nosotros se pone el sol de Portugal adentro y no se oculta en el mar sino después de haber iluminado nuestra tierra, nuestros huesos y la sal de nuestros huesos.

            Acaso para nosotros hay un porvenir más allá de Portugal; en ese mar, en esa tierra, a donde fueron los portugueses los que nos guiaron y nos enseñaron el camino.

            El hermoso canto del Sr. Unamuno es objeto de unánimes aplausos por el auditorio, especialmente por los estudiantes portugueses, a quienes ha impresionado vivamente el discurso.

El Sr. Carvalho.

            El ilustre profesor Dr. Carbalho, comenzó diciendo que se honraba muchísimo en hablar en la Universidad de Salamanca, solar de la ciencia peninsular y que había traspasado los humbrales de la venerable escuela con verdadera emoción del espíritu. Evocando la vasta melodía de portugueses que aquí enseñaron o aprendieron, sentíase como en su propia Universidad, pues del mismo modo la tenía presente al espíritu la gran cantidad de sabios de Salamanca que a Coimbra fueron a ocupar las principales cátedras y que tan decisivamente influyeron en la cultura portuguesa.

            Esta tradición se perdió, pero sin querer investigar las razones de ello, su inteligencia y su sentimiento le dictaban que debían revivir aquellos gloriosos días, a fin de que en los claustros de Salamanca y en la Vía Latina de Coimbra, la juventud estudiosa se confunda en la misma ansia de saber.

            Saludé después al Sr. Rector y en su nombre a todos los profesores, permitiéndose agradecer al Sr. Unamuno cuyo espíritu honra a la latinidad, las palabras de simpatía hacia Portugal que acababa de oírle. (Grandes aplausos).

El orfeón.

            Terminada esta parte de la velada, el público se traslada al patio, que llena por completo, como asimismo los pasillos, para escuchar al orfeón y a la tuna, que interpretan maravillosamente la rapsodia de Aguiar, que es escuchada con religioso silencio.

            Seguidamente se trasladan los estudiantes a la Unión Deportiva, en donde se celebra una fiesta en su honor, acompañados de gran cantidad de público.

En la Unión Deportiva Española.

            A las tres y media de la tarde, se celebraron ayer, en el campo de deportes de esta sociedad, las anunciadas fiestas de honor de los estudiantes portugueses, que resultaron animadísimas y muy concurridas.

            Recordamos entre las que asistieron, a las señoras y señoritas de Hurtado de Mendoza, Aristiguieta, Saavedra, Gutiérrez Corcuera, Esperabé de Arteaga, González Orús, Ramón y Laca, Moro, Téllez de Meneses, Ponce de León, Palomeque, de Dios, Fernández, Novaes de Castro, da Cámara Viterbo, Plaza, Gómez López, Sánchez Ventura, Fernández de Córdoba, Oliva, Padeira, Diego, Herrera, Argüeso, Seirullo, Tordera, Baza, Marcos y algunas más cuyos nombres sentimos no recordar.

            Se celebró primero una tirada de pichón, cuyas condiciones eran 25 metros, tres pájaros y dos ceros excluyen.

            Se inscriben los señores siguientes:

            Don Ventura Sánchez Tabernero, don Pedro Gutiérrez Arcuera, don Carlos Thomas, D. Justo Sánchez Tabernero, D. Vicente Mayor, don Pablo García, D. Leopoldo Salceda y D. Antonio Alfonso.

            Quedaron empatados los señores Mayor y García (D. Pablo), que tiraron seis tiros con un solo cero. Como no quedaban más pájaros para continuar el desempate, sortearon el premio echándolo a cara o cruz y resultando afortunado el señor Mayor.

            A las cinco y media llegaron los estudiantes portugueses, que venían del acto que acababa de celebrarse en la Universidad, acompañados de nutridos grupos del elemento universitario salmantino.

            Fueron recibidos con aplausos cariñosos, y acto seguido el orfeón portugués, dirigido por el Sr. Paes da Silva, cantó magistralmente Titaens, de Saint-Saens, y el precioso Coro de los cazadores,  de Weber, que fueron coronadas con ovaciones nutridísimas y «hurras» a Portugal y a Coimbra, que eran contestados por los escolares lusitanos con vivas a España y Salamanca.

            La Junta directiva de la Unión Deportiva Española, obsequio a los elementos directores del orfeón y tuna portugueses, con un té, que fue servido por la acreditada cocina de Novelty, en uno de los salones de la sociedad.

            Asistieron las Sras. de Novaes, Cámara, Corcuera y Saavedra; el cónsul de Portugal Sr. Cardita; doctores Díaz Pereira y Esparteiro, catedráticos de la Universidad de Coimbra; D. Pedro Muralha, representante de la prensa portuguesa y director de A Vanguarda; don Carlos Clímaco, presidente del orfeón; Branco de Mello, Vas Pinto, don José Paes, suplente del regente del orfeón, en ausencia de éste; Nano Cruz, delegado de la Academia de Coimbra; D. Luis Novaes, ingeniero director de la Compañía Salamanca Frontera Portuguesa, y la directiva de la Unión Deportiva Española.

            Como final de todos los actos, en los que reinó franca alegría y cordial animación, se organizó un baile al aire libre, que duró hasta las últimas horas de la tarde.

            La fiesta resultó en extremo agradable y simpática.

En el teatro Bretón.

            A las diez y media de anoche se celebró, en el teatro Bretón, la segunda velada organizada por los estudiantes portugueses.

            Comenzó el acto con la interpretación, por el orfeón de Coimbra, de escogidas piezas clásicas, entre ellas: Faechütz, de Weber; Coral, de Bach; Gardes de la Reine, de A. Thomás; Cancao do Linho, de T. Borba; Les titans, de Saint Larus, y Cantares de nossa terra, A. Soice.

            El Sr. Paredes, formidable guitarrista, que tantas ovaciones cosechó ayer, interpretó varias suites en re menor y el pasodoble de Gallito, a petición del público.

Cantó después Antonio Menano, que arrebató al público de entusiasmo con su voz dulcísima, su gusto y su arte.

            Cantó primero el Fado patriótico y Fado choupal, y después, en medio de clamorosas ovaciones, apareció en la platea que ocupaba su distinguida familia, desde donde cantó, acompañándose él mismo con guitarra, algunos otros fados, de manera tan prodigiosa, que fue nuevamente aclamado.

            La tuna hizo luego una interpretación acertadísima de la Arraiais rapsodia de fados y otras hermosas composiciones portuguesas, terminando con la brillante y alegre marcha Coimbra-Salamanca.

            A la salida del teatro se organizó, en el Casino de Salamanca, un baile, que duró hasta las primeras horas de la madrugada, y que resultó muy animado, asistiendo buen número de distinguidas y bellas señoritas.

            Los escolares portugueses, a los que deseamos un feliz retorno a la patria, salieron para Portugal esta mañana, a las ocho en tren especial.

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NOTA: Artículo procedente de investigación original inscrita con el número SA-120-02 en el Registro de la Propiedad Intelectual. La presente edición ha sido normalizada y corregida para evitar el uso no autorizado de la misma. Todos los derechos reservados.
 

 
       
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