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VIRTUAL NEWSPAPER LIBRARY - International Museum of the Student

Author:              Arsenio González Huebra.

Title:             VIAJE DE LA TUNA A PORTUGAL VIII.

Publication:   Museo Internacional del Estudiante, 2009.

Original edition:  El Adelanto.

Date:            Jueves, 13 de marzo de 1890, pp. 1 y 2.

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El Museo anatómico y la Escuela Politécnica de Oporto.- La bandera española.- Un mal accidente.- Vuelta al hotel.- El representante del Palacio de Cristal.- Cuatro tarjetas de nombres conocidos.- Una tarjeta postal.

            En la mañana del lunes de Carnaval, nos encontramos con un tiempo apacible y un cielo despejado y brillante.

            A la hora de almorzar llegaron al hotel los estudiantes portuenses que nos habían acompañado el día anterior y que se habían ofrecido a enseñarnos algunos establecimientos de enseñanza. Almorzamos altamente satisfechos de nuestras aventuras, y después de tomar café, salimos a la plaza de la Batalla donde formamos, no sin gran trabajo a causa de la aglomeración de gentes, y al compás de un paso-doble emprendimos la marcha hacia el Hospital de la Caridad y Escuela de Medicina, que está contigua. Desde la plaza de la Batalla, donde se alza la estatua en bronce del rey don Pedro V, pasamos a la rúa (calle) de Santo Antonio, que, como todas las de Oporto, es larga y espaciosa, con anchas aceras y extensos y lujosísimos comercios. ¡Qué afluencia de gente! ¡qué bravos! ¡qué de vivas y de aplausos! Para poder caminar con alguna holgura, iban delante de nosotros cogidos del brazo veinte o veinticinco estudiantes portugueses, extendiéndose a lo ancho de las calles, y dando vivas y bravos que eran repetidos por la multitud. A todos los balcones y ventanas salían damas y caballeros que arrojaban flores a nuestro paso, y que aplaudían la marcialidad y donaire de nuestros escolares; los carruajes se detenían a nuestro paso, y desde el fondo de los coches nos saludaban los transeúntes; la ovación que recibimos hasta la Escuela de Medicina, fue igual a la de nuestra entrada en Oporto.

            Entramos luego en aquel establecimiento de enseñanza, que es digno por todos conceptos de la atención del viajero. El museo anatómico tiene excelentes figuras de estudio y magníficos ejemplares perfectamente conservados, de rarísimos casos patológicos; clases amplias amplias y adornadas de excelentes medelos, y una sala de disección, situada en un patio cubierto de cristales, y en cuyo piso de grandes baldosas se alzan diez mesas de mármol perfectamente acondicionadas, y dos surtidores abundantísimos de agua que facilitan la limpieza de los alumnos y del local.

            No puedo entrar en otros detalles, porque la falta de tiempo no nos permitía ver detenidamente todos los departamentos que solo de paso pudimos admirar a la ligera.

            Pasamos desde allí a la Escuela Politécnica, cuyo director nos esperaba para dirigirnos e ilustrarnos en aquella visita. Vimos tres salas de magníficos modelos de arquitectura, hermosos grabados representando las mejores obras antiguas y modernas, así como dibujos originales, todos de gran mérito.

            Después pasamos a otras galerías que no puedo reseñar, porque es imposible conservar al detalle en la memoria lo mucho que vimos en brevísimo espacio de tiempo, viendo por fin las dos salas destinadas a aparatos de física, y en las cuales, los mismos alumnos que nos acompañaban, hicieron varias experiencias; pusieron telegramas en aparatos telegráficos de distintos sistemas y practicaron ensayos telefónicos y fonográficos con satisfactorios resultados.

            Enseguida pasamos a un edificio contiguo donde están los talleres mecánicos, que no obstante ser día feriado, se hallaban abiertos por orden del director y con todas las dependencias y servicios a nuestras órdenes.

            La fuerza motriz se desarrolla en una máquina movida por gas, situada en un ángulo de la sala. Tan pronto como entramos se puso el correón de la primera polea que es la que se aplica a un dinamo, produciéndose enseguida la luz eléctrica que es la usada en las clases nocturnas. Como hicieron en el gabinete de física, los estudiantes portuenses terciaron sus manteos y se pusieron a hacer ensayos a nuestra vista: uno sacaba una moneda de diez reis y pasándola por la máquina laminadora nos la entregaba convertida en delgadísima hoja, fina como el papel; otro taladraba en un instante gruesas planchas de cobre, mientras que otro convertía en delgadas y regulares tablas un tronco de pino que le había proporcionado un dependiente.

            Gratamente impresionados salimos de la Escuela acompañados de su digno director de quien me despedí altamente agradecido, continuando nuestro paseo en la misma forma que a la salida del hotel y en medio del mismo gentío que daba los mismos vivas y aclamaciones de siempre.

            Bajamos por una calle algo estrecha cuyo nombre no puedo recordar (porque no traigo apuntes) y de pronto vimos que en una casa cercana ya a nosotros se izaba la bandera española. Inmediatamente que llegamos a dicha casa mandé hacer corro para saludar al sagrado símbolo de nuestra patria que fue victoreado por españoles y portugueses; en el frontispicio de aquella casa leí un rótulo que me explicó aquel suceso, decía: Montepío español.

            Sin previo permiso, ni formalidades de ningún orden subí al piso principal donde se ostentaba nuestra bandera, y desde el balcón mismo en que se izaba, cogida mi mano izquierda el asta de nuestro escudo y extendida la derecha hacia la multitud, hice un discurso de salutación a España en el que desplegué todos mis sentimientos de amor a la patria, pasando luego a decir algo de Portugal y de las analogías existentes entre los dos pueblos.

            Al descender a la calle me encontré en los brazos de multitud de amigos que después de aplaudirme galantemente se adhirieron a mis palabras, dando luego vivas a España, a Portugal, a la federación ibérica y al humilde cronista de este glorioso viaje al país vecino.

            La calle era algo estrecha y nuestra detención allí fue causa de una interrupción para toda clase de vehículos. Una vaca de una carreta se espantó del bullicio y produjo bastante alarma, pues ya estuvo casi libre del yugo y hubiera indudablemente causado alguna o algunas desgracias, si llega a verse en libertad, dada la fiereza que manifestaba en sus bramidos y en sus esfuerzos por huir; afortunadamente pudo evitarse aquel accidente y continuamos nuestra marcha hacia el hotel, donde nos esperaba el representante del Palacio de Cristal con el cual convinimos una matinée para el día siguiente a la una de la tarde en el magnífico salón de espectáculos de aquel inmenso coliseo.

            Al entrar en el hotel, me encontré con cuatro tarjetas. Era una del señor don Ricardo Pinto d’ Acosta, conde de Lumbrales que me saludaba afectuosamente, y las otras tres de la condesa y de sus hijos don Juan y don Ricardo Pinto d’ Acosta.

            A las cinco y media nos sentamos a la mesa y empezó la comida con la animación acostumbrada.

            Cuando después de comer nos preparábamos par ir al concierto anunciado en Príncipe Real, recibí del correo interior una tarjeta postal que decía así:

            Ilustrísimo e excelentísimo señor don Arsenio Huebra, digníssimo presidente da Tuna Salamanquina, Hotel Continental, Rua d’ Entreparedes, Porto.

            »Ha una senhora que por motivos imperiosos lla nao tem sido posivel ouvir a Tuna de que V. E. E digníssimo director, por isso rogava llo se acaso for possivel, d’ amanha passar en Cedofeita para ella ter o prazer de a ouvir e de o admirar o que desde ja agradece a V. E.

Sua admiradora,

Y.

EL TUNO PRIMERO.

(Continuará.)

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NOTA: Artículo procedente de investigación original inscrita con el número SA-120-02 en el Registro de la Propiedad Intelectual. La presente edición ha sido normalizada y corregida para evitar el uso no autorizado de la misma. Todos los derechos reservados.
 

 
       
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