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VIRTUAL NEWSPAPER LIBRARY - International Museum of the Student

Author:              Arsenio González Huebra.

Title:             VIAJE DE LA TUNA A PORTUGAL III.

Publication:   Museo Internacional del Estudiante, 2009.

Original edition:  El Adelanto.

Date:            Miércoles, 5 de marzo de 1890, pp. 2 y 3.

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Unos puntos....- Escenas de última hora.- La Junta general.- A la estación.- Salida para Portugal.

            Leyendo hoy el segundo artículo-revista de este viaje, correspondiente a EL ADELANTO de ayer me encuentro la palabra punto aplicada en sus acepciones de tiempo y lugar, repetida tres veces en cuatro líneas, lo cual me ha producido el mismo efecto que si me hubieran apuntado con un caso de El Fomento; pero ya comprenderán mis lectores que escribo esta revista a gran velocidad, y que tiene que estar en armonía con el viaje, sus azares y sus incidentes, de los cuales seguiré dando cuenta con la fidelidad de que es susceptible mi memoria.

            Y aquí sí que viene bien el punto.

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            La gran mayoría de los tunos se habían despedido ya de sus familias y patronas, y se quedaron en el Suizo aguardando a los que no habían cumplido aquellos deberes del hogar. Otros se fueron a entregar en la central del ferrocarril seis maletas en las que levábamos la menor cantidad posible de ropa blanca; algunos fueron a buscar la merienda, previsora de las contingencias del hambre, mientras les hacían un bistec para preparar el estómago a las fatigas del viaje; hasta que a las once y media poco más o menos, empezaron a entrar en el café con pequeños intervalos de tiempo, ya un tuno, ya un amigo que venía a despedirnos o ya un curioso que miraba con cierta justificada envidia los animados preparativos del viaje.

            El cuadro que ofrecía el café Suizo, era por demás curioso y entretenido. Diseminados los tunos, amigos y curiosos por las mesas, hablaban todos, llamaban a los camareros y formaban un ruido especial, animado y confuso que a veces era sofocado por la voz poderosa de Ugarte, o por el sonido del violín de Dionisio Tato, que tocaba el paso-doble La Giralda, aumentando la alegría de aquellos grupos, cada vez más entusiasmados con los preludios de la expedición a Portugal.

            Los reposteros, pinches y mozos del café, no se daban punto de reposo (como decía Cervantes) para atender a los encargos de los tunos. Pedían chuletas unos, otros jamón, algunos (y yo entre estos) sopas de ajo con huevos escalfados para calentar el estómago, al par que prestarle fuerzas, y todos vino, café y cigarros, armando una algazara y confusión tan agradables, que producían sonrisas de satisfacción en todos los extraños al viaje que nos acompañaban en aquellos momentos.

            Imposible me es describir la variedad de escenas que se sucedían en aquel conjunto armónico. Un tuno cosía la cuchara al tricornio, en tanto que otro se ataba bien las medias o se cosía la gola que se había desprendido, al extremo del cuello de la chaqueta. Aquél llamaba a éste y éste al otro, ofreciéndose mutuamente manjares de la cena o una copa de vino. En un rincón se veía a otro poniéndose unos pantalones sobre los del traje escolar para preservarse del frío, y así, unos con otros, ocupados en preparativos ya estomacales, ya de su indumentaria, daban a aquel cuadro un colorido especial y superior en belleza a las facultades de mi pluma.

            A la una y media llamé al orden para tomar lista. De los cincuenta y dos tunos que formábamos la Tuna solo faltaban dos, y faltaban necesariamente: eran los señores Paz y Samper que habían emprendido el viaje a Oporto con 24 horas de anticipación para preparar hospedaje a los expedicionarios.

            Inmediatamente nos constituimos en junta ocupando las mesas que hay entre el piano y la estufa del centro del café, y allí tratamos de los últimos preparativos.

            Aquí debo decir incidentalmente, que todos los tunos sin excepción me han guardado tanto respeto, tanta consideración, tanto cariño y tan ciega obediencia, que me hacen dudar de que haya mejor disciplina que la nuestra, ni en los cuarteles del ejército; disciplina que no sé cómo agradecer porque ella ha sido el primer factor del glorioso éxito de nuestro viaje, al mismo tiempo que la prueba fiel y elocuente del verdadero afecto con que mis presididos correspondían al que yo les profeso, y les he demostrado en los múltiples incidentes de nuestro viaje.

            Apenas nos constituimos en junta general, me permití suplicar a todos mis compañeros que no hablasen de política en Portugal, atendidas las circunstancias actuales del país vecino, y sobre todo que usasen de mucha prudencia de la cuestión anglo-lusitana, recayendo acuerdo de que en éste asunto de suyo delicado, nadie tratase públicamente más que yo. Después hablamos de otros detalles, terminando por acordar unánimemente que cada tuno contribuyese en el acto con cinco pesetas para aumentar el tesoro de la Tuna mermado considerablemente al realizar cuentas con el sastre, zapatero y demás artistas proveedores de los objetos necesarios a la expedición.

            Dieron las tres, y enseguida levantamos la sesión. Unos a pie, otros en carruaje, nos dirigimos a la estación del ferrocarril donde volví a tomar lista, e inmediatamente los tunos, asaltaron el coche de segunda que por orden del señor presidente honorario se nos había preparado. Poco después llegó el correo y se efectuó la maniobra de enganchar al tren nuestro carruaje, a una de cuyas portezuelas se puso una tablilla en que  se leía: Oporto.

            No cabíamos todos en el coche; sí es que después de cerciorarme de que estaban bien cerradas las ventanillas para que los tunos, en medio de sus bromas no peligrasen, me dirigí a un departamento de primera, donde tomé asiento con el joven escolar jurista don Benito Pérez, que iba en la Tuna con el cargo de secretario particular del presidente.

            A los pocos instantes, el jefe de la estación dio la señal de marcha y el tren partió hacia Portugal al mismo tiempo que de un coche de segunda clase, salía un torrente de voces unidas que decían llenas de vida y de entusiasmo: ¡Viva España! ¡Viva Portugal!

EL TUNO PRIMERO

(Continuará)

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NOTA: Artículo procedente de investigación original inscrita con el número SA-120-02 en el Registro de la Propiedad Intelectual. La presente edición ha sido normalizada y corregida para evitar el uso no autorizado de la misma. Todos los derechos reservados.
 

 
       
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