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Hemeroteca Virtual - Museo Internacional del Estudiante

Autor:              Ludivino Corbo.

Título:            LA TUNA PRO MENDICIDAD Y ¿SEÑORITAS
                       POSTULANTES?.

Publicación:   Museo Internacional del Estudiante, 2009.

Ver. original:  El Adelanto.

Fecha:            Miércoles, 15 de febrero de 1928, p. 7.

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            Allá en mi juventud, cuando en el mes de Mayo, Madrid celebraba su fiesta de la flor y las chicas madrileñas, cargadas de florecillas de papel, tomaban por asalto las oficinas todas de la gran ciudad y maniobraban de manera que dejaban vacíos los bolsillos del viandante, admiraba yo la generosidad, el altruismo, el sacrificio, en una palabra, la caridad de aquellas hermosas jóvenes, que ponían su juventud, que sacrificaban sus comodidades y entretenimientos, por amor a los pobres enfermos, de ellas desconocidos, y que gemían tristes y abatidos en el lecho del dolor.

            Aquellos miles de pesetas que aquel día se amontonaban; aquellas cantidades fabulosas que aquel día se recaudaban; aquellos fervores femeniles; aquellos afectos purificados y sublimados por la más grande caridad; aquellos atracos revestidos con el lindo ropaje de la más fina educación y de la más grande cortesía; aquellas condecoraciones y entorchados de crucecitas de papel, que damas y caballeros ostentaban todo el día como un premio otorgado a su generosidad por femeniles y aristocráticas manos, se han convertido, después, en un hermoso y soberbio sanatorio, en donde los pobres tuberculosos, encuentran la curación de su terrible enfermedad o cuando menos un suave lenitivo a sus padecimientos y dolores.

            También ahora, en mi vejez, cuando veo pasar por la calle esa pléyade de jóvenes estudiantes, tañendo sus instrumentos musicales, haciendo vibrar al aire y llenándole con sus notas acordes y melodiosas; cuando contemplo el incruento sacrifico que ofrecen a Dios, poniendo sobre el altar de la pobreza sus diversiones y lealtad y sus ilusiones, en días en que la juventud derrocha el hermoso y preciado tesoro de la salud y de su existencia; sin darme cuenta de lo que hago, con un movimiento instintivo, me descubro y saludo, y después pienso, que lo hago porque en aquellos momentos pasa la flor más hermosa, nacida en los jardines y parques del cristianismo, esa mística y hermosa flor es la Caridad.

            Esas monedas que en estos días vais a recaudar, y que cual si compusieran un ramo de aromáticas violetas vais a ofrecer a los pobres de la ciudad, se invertirán, no lo dudéis, en la construcción de un edificio, que será la casa de los pobres de la ciudad, que también los pobres tienen derecho a tener un hogar y vuestra generosidad y vuestro sacrificio, se verán recompensado con la parte que tomaréis en remediar penas y dolores de muchos pobres desgraciados.

            Quizás sea yo un soñador, acaso tenga mis ribetes de visionario romántico, pero me agradaría muchísimo, conmovería todas las fibras de mi corazón si esas pesetas que vais a recoger vinieran acompañadas de otras recolectadas por manos femeniles y que las señoritas de la ciudad, poniendo a contribución a favor de los pobres, su candor, sus simpatías y la sensibilidad exquisita de su corazón de mujer, os ayudasen en vuestra grande, santa y sublime empresa.

            ¿No podrían algunas señoritas de la buena sociedad salmantina dedicar el domingo de Carnaval a los pobres, pidiendo en el paseo de la Plaza, a mediodía, y en los cafés y casinos hasta las cuatro de la tarde? ¿No podrían ofrecer a los pobres el sacrifico de dedicarles cuatro horas ese día, entregando después al señor Calzada el fruto de su labor? Entonces el señor Calzada, reuniendo donativos de la Tuna, con lo que las señoritas hubiesen recaudado, tendría para ofrecer a los pobres el perfume, el aroma embriagador que habían exhalado los corazones juveniles de nuestra ciudad, y que cual columna de humo, de oloroso incienso, subiría sin cesar sin cesar hasta llegar a las gradas celestiales del trono del Altísimo.

            ¡Ea; hermosas y caritativas jóvenes salmantinas! Aprovechar la ocasión de emplear bien el domingo de Carnaval; emulad, sobrepujad el celo caritativo de esos caballeros cristianos que con instrumentos musicales en las manos, caminan, persiguiendo un alto y noble ideal y con vuestro bolso en la mano y con una encantadora sonrisa en los labios, ofreced al pobre, al desvalido vuestro holocausto cariñoso, vuestra compasión sin límites, la misma que anida siempre en el tierno y delicado corazón de la mujer.

LUDIVINO CORBO

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NOTA: Artículo procedente de investigación original inscrita con el número SA-120-02 en el Registro de la Propiedad Intelectual. La presente edición ha sido normalizada y corregida para evitar el uso no autorizado de la misma. Todos los derechos reservados.
 

 
       
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