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Hemeroteca Virtual - Museo Internacional del Estudiante

Autor:              Ituarte.

Título:            LA TUNA ESCOLAR EN SAN SEBASTIAN.

Publicación:   Museo Internacional del Estudiante, 2009.

Ver. original:  El Adelanto.

Fecha:            Miércoles, 17 de febrero de 1926, p. 3.

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EL TE DEL MAGESTIC PALACE

A la hora anunciada se celebró ayer el te aristocrático en honor de las bellísimas madrinas de la Tuna Escolar Salmantina, señoritas Carmenchu Caro, Mazu Elósegui, Baby Buena, Esperanza y Carmenchu Alonso Zavala, en los salones del Magestic Palace. Todas las mesas estaban ocupadas por  los elementos oficiales y por las más bellas y linajudas muchachas de esta capital. Citadas las personalidades que asistieron, equivaldría a dar una lista completa y acabada de todos nuestros muchos conocidos. En la mesa presidencial tomaron asiento con las madrinas, el presidente y el señor Sánchez Rojas. Y este comenzó acto seguido su discurso de presentación, acaso el más bello y el más ingenioso de todos los que hemos oído en San Sebastián al ilustre escritor y orador salmantino.

«Aquí tenéis, muchachas – comenzó diciendo – a estos tunos, herederos espirituales de aquellos estudiantes, gorrones y sopistas, escala-rejas y alguna vez asalta conventos, de Salamanca. Aquí están con sus guitarricos, violines, laúdes, bandurrias, hierros y panderos. Robamos corazones en Medina, y en Burgos en las mismas barbas del Papa Moscas, y en Vitoria bailando con sus modistas deliciosas bajo los arquillos, a la vera de San Miguel. Vienen los pobres chicos sin dormir apenas. Ayer las alavesas y hoy las donostiarras les robaron el sueño y en sus corazones abiertos brotarán las flores de la esperanza y del optimismo. De equipaje, traen lo puesto y gracias. (Grandes risas). Os advierto que son de buena casa, de solar conocido, y hasta algunos de ellos de nombre sonoro y aristocrático. Pero son tunos. Madrinas, y sus muchachos, andan en fiestas de amor, y de momento están reñidos con los libros. Para mayo serán los llantos y los apuros. Pero Mayo está lejos; el Cantábrico nos ha recibido con sus chubascos tradicionales, y Easo protesta con nuestra sonrisa y con nuestra gentileza, de recibimiento tan poco gentil.

Poco importa, madrinas bonitas. Estos tunos no conocen otro temporal que el que se refleja en vuestros ojos. Sonreídles y hará sol; esquivadles y no sonarán entonces sus violines ni repicarán graciosamente sus panderos. (Gran ovación).

Con estos tunos viene lo mejor de Salamanca: viene su juventud. ¿Conocéis vosotras, madrinas, Salamanca? Salamanca es una ciudad doctora que tiene siempre sus piedras encendidas. El sol de Castilla, que quema y que calcina, no se cansa de darla besos. Y el Tormes dice canciones de cuna que empiezan en el Romancero y acaban en Gabriel y Galán, y pasando por todos los tunos, por todos los lamentos y por todas las risas. Un día nos recuerda el Romancero que Bernardo el del Carpio tiene que estar ocioso

como el Tormes está en medio

non podrían combatir.

Otra se lamenta de sus querellas de amor Silicio y Nemoroso, los dos pastorcillos enamorados, por boca de Garcilaso. En el puente hurta al ciego de su bote buenos tragos de vino el pícaro de Lazarillo, que hoy se ha metido a jurisconsulto.

Más tarde departen tres novicias sobre los dulces nombres de Cristo. Se amanera luego la canción con los Batilos y las Cloris y las Filis, también de ficción y de falsía. Y la canción última, con el bramido lejano de nuestro Cantábrico, puede en un vasco glorioso, en Miguel de Unamuno, padre nuestro, maestro nuestro, tan lejos y tan cerca de nosotros, cuyo recuerdo trae, no puedo disimularlo, ni quiero disimularlo tampoco, una honda melancolía a mi corazón esta noche, madrinas... (Enorme impresión. Grandes y atronadores aplausos). He aquí mi Salamanca. Ya veis como traigo mis pasaportes en regla. (Ovación).

De San Sebastián, ¿qué queréis que diga a estos chicos? Conocen vuestra Concha, suben al monte Igueldo, andan de idilio con sus modistas, gozan de la urbanidad, del decoro, de la gracia, del encanto de vuestra educación, de vuestra gentileza ciudadanas. ¿Y qué madrigal, digno de vosotras, haría yo, madrinas preciosas, para concluir? El mejor elogio lo hacen estos tunos mirándoos con silencio. No quiero interrumpirlo con palabras triviales. Por vosotras, por los vascos ausentes y presentes, por Guipúzcoa y por San Sebastián, señoras y señores, bebo mi copa de Jerez hasta los bordes. (Ovación indescriptible. Se vitorea a Salamanca. Los tunos responden con vivas a San Sebastián).

La fiesta prosigue encantadora, brillante y animadísima. Muchísimos vascos que han estudiado en Salamanca abrazan a los escolares, que preludian un fado. Y se despiden para el Continental, donde les obsequian con otro baile. Los periódicos locales dan íntegramente este bellísimo discurso.

Daré cuenta de todos los actos que se vayan celebrando.

Ituarte.

San Sebastián 15 II 26

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NOTA: Artículo procedente de investigación original inscrita con el número SA-120-02 en el Registro de la Propiedad Intelectual. La presente edición ha sido normalizada y corregida para evitar el uso no autorizado de la misma. Todos los derechos reservados.
 

 
       
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