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Hemeroteca Virtual - Museo Internacional del Estudiante

Autor: Claramol.

Título: CRONICAS TUNAS.
                        AÑORANZAS DE UN “EX–TUNO”.

Publicación: Museo Internacional del Estudiante, 2009.

Ver. original: El Adelanto.

Fecha: Sábado, 21 de enero de 1928, p. 2.

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En la noche silente, solitaria y fría, hieren mis oídos, ecos dulces, melodiosos y armónicos, ecos que repican en mi ser con caracteres de tragedia.

A lo lejos una masa informe, que la obscuridad y la distancia hacen pardusca, avanza, se acerca, con movimientos rítmicos, con sonidos de quejas, de desengaños, sonidos de amor y de amargura.

Es la Tuna Universitaria. Son los estudiantes que unidos en ella, derrochan alegría y entusiasmo, fraternidad profesional y humorismo, todo impreso con el sello de la juventud, de la frivolidad y del arte.

Y al verlos en las filas, tan airosos, con el feliz desconocimiento del dolor y la vida, en mi mente se agolpan los recuerdos de mis años mozos, y el alma dolorida, transida de preocupaciones y de pesares, llorar por los puntos de la pluma, lo que tú lector estás leyendo.

Cuando era joven y escolar, yo también formé parte de la “Tuna”. Mi persona en el grupo de la Estudiantina, se crecía cuando en los días del invierno, al compás del pasacalle recorríamos la ciudad.

Las muchachitas, como ahora también, corrían presurosas y bullangueras, a colocarse de las primeras, para más cerca ver a los estudiantes. Y su presencia nos infundían ánimos. Lloraban con más fuerza los violines; no con el sentimiento que a su sonido en la senectud de la vida le queremos dar, sino con la alegría y el optimismo del alma joven de un estudiante.

Y con más estridencias también alborozaban las panderetas, y cantarines como mañaneras alondras trinaban los laúdes y bandurrias al par que la castiza guitarra, con las falsetas y acompañamientos marcaban el paso bello, augusto que nos llevaba en pos del triunfo y de la gloria.

Delante enhiesta y altiva la bandera, quizás la misma que hoy pasea la joven Tuna.

Todas se agolpan en estos momentos las ideas, los recuerdos, las escenas de allende los tiempos, y por unos segundos, olvido mi edad y me siento joven y estudiante...

Pero se aleja la Tuna y todo se desvanece; la realidad se impone.

Son ya sus sonidos débiles y van muriendo lentamente, como sucede a los humanos a través del tiempo y del espacio. Recuerdo los versos de nuestro poeta Vicente Marcos: “mi juventud la añoro”.

Ellos, los jóvenes – reflexiono - serán los triunfadores del porvenir y a nosotros, pobres viejecillos nos proporcionarán tanto la alegría de un ensueño, de algo que fue nuestro y ahora lo es suyo, la juventud y la alegría, hasta que también la vida les hiera con su zarpa de tragedia.

                                                                                   CLAMARMOL

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NOTA: Artículo procedente de investigación original inscrita con el número SA-120-02 en el Registro de la Propiedad Intelectual. La presente edición ha sido normalizada y corregida para evitar el uso no autorizado de la misma. Todos los derechos reservados.
 

 
       
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